ER Diario
20/11/2020

¿Es necesaria una devaluación?

Claudio Coronel, investigador del Centro de Estudios de Económicas de UNER, analiza el impacto de una eventual modificación del tipo de cambio.

Por Exequiel Flesler

El Centro Interdisciplinario de Estudios de la Facultad de Ciencias Económicas (CIEFCE) de la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER) elaboró un nuevo informe de coyuntura sobre la cuestión cambiaria y su relación con aspectos importantes de la economía nacional. El informe está escrito por el Cr. Claudio Coronel y lleva por título “Salario real y competitividad en la Argentina ¿Es necesaria una devaluación”.

Puesto que los problemas de la Argentina con el tipo de cambio no son nuevos y sus consecuencias tampoco, responder a la pregunta ¿Es necesaria una devaluación?

Para responder a esta pregunta, cíclica en la historia argentina con la excepción de los años del 1 a 1, Coronel propone analizar a interpretar algunos indicadores macroeconómicos de uso común.

La pérdida constante del poder de compra del Peso ha generado un nivel de desconfianza tal, que las personas con capacidad de ahorro evitan mantenerse en esa moneda y demandan moneda extranjera, particularmente dólares”, describe el informe y necesariamente aclara lo que conocemos y sufrimos: “Argentina no emite dólares pero los necesita”.

Se pueden destacar, según el escrito, “dos tipos de demanda de dólares”: por motivo de “especulación” o por motivos de “producción”. En tanto, por el lado de la oferta de dólares, es posible remarcar dos canales: “divisas liquidadas producto de las exportaciones” y el “ingreso de capitales” (endeudamiento externo, inversiones financieras, inversión extranjera directa etcétera).

 

La devaluación como mecanismo de ajuste: entre lo real y lo financiero

“Por el lado de la economía real, al tipo de cambio se le suele asignar un papel equilibrador, ya que su aumento (depreciación o devaluación) tiende a reducir las importaciones y a mejorar las exportaciones”, describe y concluye: “la devaluación suele ser la primera herramienta de “manual” a la hora de solucionar balanzas comerciales deficitarias”.

Pero esta descripción es contrastada con la historia de nuestro país: “Los estudios han demostrado que las mejoras en la balanza comercial producto de devaluaciones están más bien relacionadas con caídas en las importaciones que con mejoras en las exportaciones, sumado a esto que suelen ser recesivas e inflacionarias, por lo que el efecto sobre la balanza comercial termina siendo de corta duración, en especial cuando se inicia el ciclo de recuperación económica”.

Puesto que “el tipo de cambio juega un papel equilibrador de la balanza comercial… puede ser utilizado como una medida de competitividad internacional”, explica Coronel y, una vez más, recurre a la historia. “El incremento del tipo de cambio real tiene como contrapartida una reducción del salario real”, dice, citando distintos textos, y concluye que “el costo de una mejora en la competitividad cambiaria, implica una desmejora en el bienestar de los trabajadores”. Es de este modo que “cuando se plantea la necesidad de una devaluación, lo que se está diciendo indirectamente es que resulta necesario reducir el costo laboral y el poder de compra de los salarios (o bienestar del trabajador)”.

Ahora, la pregunta es qué sucede en la economía financiera. “La cuestión es diferente”, adelanta Coronel. “Cuando la demanda de dólares supera a la oferta, existe una tensión que lleva a un alza en la cotización (devaluación)”, dice y agrega que “lo que se ha observado, en particular, en los últimos años, es un fuerte incremento en la demanda de dólares para atesoramiento (motivo especulación)”.

“Cuando Mauricio Macri asume la presidencia de la Argentina en 2015, el país presentaba déficits comerciales (importaciones mayores a las exportaciones), pero existían mecanismos de control para las importaciones y la demanda de dólares para atesoramiento se encontraba condicionada por controles cambiarios, conocido esto, vulgarmente, como ´cepo´. La medida inicial del gobierno por aquel tiempo fue eliminar los controles cambiarios. Para morigerar el estrangulamiento externo, devaluó la moneda e inició un camino de endeudamiento externo para alimentar la oferta de dólares”, recuerda y continua la línea histórica: “Esta travesía concluyó a fines de 2017, ya que a partir del año 2018 se inició un proceso de fuga de capitales muy importante, que derivó en pérdida de reservas por parte del Banco Central, incrementos sustanciales y sucesivos del tipo de cambio y la reincorporación —entre otras medidas— de los controles cambiarios entre mediados y fines del 2019”.

Ya durante la Administración Fernández, “la tensión cambiaria recobró vitalidad, pese a que la balanza comercial es positiva (fundamentalmente por un bajo volumen de importaciones), por lo que el gobierno de Alberto Fernández tomó medidas para reducir la demanda de dólares que repercutieron en una mayor volatilidad de las cotizaciones marginales, hecho que redunda en mayores expectativas devaluatorias y, con ello, más demanda especulativa”.

“Desde un punto de vista financiero, la eliminación de los controles cambiarios reduciría las brechas cambiarias, pero dadas las expectativas de devaluación y las tensiones existentes sobre un mercado de cambios con escasa oferta, produciría una devaluación mayor, sin que se tenga certeza del valor final que equilibraría dicho mercado”, dice Coronel y agrega que “en este contexto, se revirtieron varias de las medidas tomadas en el 2020 y se aplicaron otras, todas tendientes a descomprimir las tensiones generadas en los otros mercados que permiten acceder a dólares (Dólar MEP, Contado con Liquidación, Blue, etc.). Las que, en una primera instancia, parecen haber logrado el objetivo buscado”.

 

De nuevo la pregunta: ¿Es necesaria una devaluación?

No existe un justificativo que amerite una devaluación de la magnitud que sugiere el mercado financiero; más bien, es un problema de expectativas y sus efectos serían muy negativos”, dice el CIEFCE y marca que “los cambios introducidos para dotar al sistema de mayor oferta de dólares en el mercado de capitales o de alternativas equivalentes (bonos en moneda extranjera o atados a la devaluación), redujeron las presiones al alza”.

“La elevada volatilidad respondía a la falta de oferta y supone una señal hacia los agentes, en el sentido de trazar una trayectoria de corto plazo en el comportamiento del tipo de cambio que reduzca las expectativas de devaluación y, con ello, la demanda especulativa”, explica.

Este punto “contribuirá a normalizar el mercado de cambios oficial, en la medida que se genere estabilidad macroeconómica, se desacelere considerablemente la inflación, así como las expectativas sobre la misma y se mejore el flujo de oferta de divisas”, agrega.

“El nivel impacto sobre los salarios reales que tiene una devaluación depende de factores institucionales, queda claro que liberar el tipo de cambio para que encuentre un “equilibrio” financiero, convalidando las expectativas devaluatorias, redundaría en mayor deterioro en el bienestar de los trabajadores sin un “beneficio” macroeconómico claro”, describe.

 

Analizado el impacto en los salarios, es preciso observar el impacto en la productividad.

“Como la mejora en la eficiencia productiva se traduce en una reducción del costo por unidad producida, el aumento de la productividad implica una mejora en la competitividad sin necesidad de que los salarios reales tengan que reducirse o, dicho de otra manera, sin que haya que recurrir a la devaluación. Ahora bien, en un ambiente de competencia internacional, si no se observan mejoras en la productividad local, lo más probable es que, si esta dinámica virtuosa sí ocurre en el resto de los países, principalmente en aquellos que sean socios comerciales o competidores, la competitividad relativa (comparada con otros países) se verá afectada en forma negativa”, marca Coronel y advierte que se “pone de manifiesto una situación de gravedad, en especial, en términos del bienestar de los trabajadores: si ocurren desmejoras en la productividad relativa del país, para sostener un nivel de costos unitarios competitivos, las devaluaciones deben ser cada vez mayores y, con ello, salarios reales cada vez más bajos”.

 

“El mecanismo de la devaluación como herramienta para mejorar la competitividad se encuentra agotado, en tanto y en cuanto, la productividad tanto medida en forma individual como relativa, ha sufrido un largo y profundo proceso de deterioro; situación que luce razonable a la luz de la regresividad de las devaluaciones, tanto en términos de actividad económica como de bienestar social”, concluye sobre este punto y agrega que “la suba del tipo de cambio significó una transferencia de riqueza muy importante en desmedro de los trabajadores, dado que el salario real disminuyó mucho más que la productividad, por lo que el peso del ajuste recayó, en mayor medida, sobre los asalariados”.

 

“Los problemas actuales alrededor de la volatilidad cambiaria, si bien presentan un trasfondo macroeconómico complejo, parecerían estar exacerbados por expectativas devaluatorias muy importantes y por la ausencia de una oferta de dólares adecuada”, dice Coronel a modo de conclusión y recomienda a la Administración que “debe tener en claro que las expectativas de los agentes económicos se forman a partir del entorno en el que se desenvuelven y se ajustan por la experiencia reciente, por lo tanto, las medidas y anuncios no necesariamente deben tender a convalidarlas, sino que deben servir de faro para que estas puedan ser ancladas hacia el objetivo que se pretende alcanzar”.

Convalidar las expectativas devaluatorias, influidas fuertemente por cuestiones financieras, no tendría un correlato positivo en términos de la economía real; esto es, alimentaría espirales inflacionarias, retroalimentaría expectativas de inflación y devaluación y generaría un daño productivo quizás mayor a lo observado hasta el momento, dañando gravemente el bienestar social de la Argentina”, advierte el especialista para finalizar con la pregunta que da lugar al escrito: “¿Es necesaria una devaluación?”.

Informe-CIEFCE-Nº-38-Salario-real-y-competitividad-en-la-Argentina.-Es-necesaria-una-devaluacion-Claudio-Coronel

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